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martes, 19 de febrero de 2013

Documental: Making the Connection



El documental "Making the Connection" (Haz la conexión) presenta los beneficios de una dieta vegana de una manera relajada e informal.

Once personas veganas —un chef, un granjero, un médico, un atleta, un dietista, un poeta…— muestran los diferentes argumentos para prescindir de los alimentos de origen animal, incluidos los productos lácteos y la miel.




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Making the Connection (español España) from Fuente Vegana on Vimeo.


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sábado, 16 de febrero de 2013

Dr. Russell Blaylock - Nutrición y Conducta


En esta ocasión, el neurocirujano Dr. Russell Blaylock nos comenta sobre los efectos de algunos de los alimentos más comunes de nuestra alimentación cotidiana sobre nuestra conducta. Una conferencia muy interesante y con información muy importante para nuestra salud y la de los más pequeños. Imperdible.


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viernes, 15 de febrero de 2013

Superalimentos: Quinoa


Considerando que este año promete ser nombrado el “Año de la Quinoa” por las ONU en unos días[1], que mejor oportunidad para hablar de las propiedades de este maravilloso grano. A eso nos dedicaremos en este artículo.


Introducción


La quinua, quínoa o kinwa (Chenopodium quinoa) es un pseudocereal perteneciente a la subfamilia Chenopodioideae de las amarantáceas. Es un cultivo que se produce en los Andes de Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador, así como en Estados Unidos. Bolivia es el primer productor mundial, seguido de Perú y Estados Unidos. Se denomina pseudocereal porque no pertenece a la familia de las gramíneas que engloba los cereales "tradicionales", pero debido a su alto contenido de almidón su uso es el de un cereal.

La quinua se cultiva en los Andes bolivianos, peruanos, ecuatorianos y chilenos desde hace unos 5000 años. Al igual que la papa, fue uno de los principales alimentos de los pueblos andinos preincaicos e incaicos. Se piensa que en el pasado también se empleó para usos cosméticos en la zona del altiplano peruano-boliviano-argentino.

Crece desde el nivel del mar en Perú y hasta los 4000 m de altitud en los Andes, aunque su altura más común es a partir de los 2500 m. [2]

Cuando llegaron los españoles (“descubrimiento” o mejor dicho conquista de América), decidieron exterminar estos cultivos por sus implicancias religiosas y el significado de autosuficiencia que tenían para los nativos. Las plantaciones fueron quemadas y su consumo fue prohibido, dándosele el rotulo despectivo de “alimentos para salvajes”.

Cinco siglos después, la FAO (Naciones Unidas) declaró que “la quínoa posee el balance de proteínas y nutrientes más cercano al ideal de alimento para el ser humano”. Por su parte la NASA eligió a la quínoa como el alimento nutritivo por excelencia para los viajes espaciales, teniendo en cuenta que por sí sola puede proveer una dieta balanceada. Irónicamente son ahora europeos y estadounidenses quienes nos enseñan como consumir los granos bases de las civilizaciones madres latinoamericanas!!!

La quínoa (Chenopodium quínoa) y el amaranto (Amaranthus lividus) no son en realidad cereales, sino que pertenecen a otra rama botánica (quenopodiáceas) que incluye a verduras como la acelga y la espinaca. Sin embargo -y a pesar que sus hojas tiernas son también utilizadas en alimentación- son sus semillas las que despiertan gran interés nutricional a causa de estudios que demuestran el gran potencial proteico. [2]


Composición Nutricional


Encontramos en cada 100g de quinoa los siguientes nutrientes[2]:

Almidón 52g
Fibra alimentaria 7g
Grasas poliinsaturadas 3.3g
Vitamina B1 0.36mg (28%)
Vitamina B2 0.32mg (21%)
Vitamina B6 0.5mg (38%)
Ácido Fólico 184ug (46%)
Vitamina E 2.4mg (16%)
Hierro 4.6mg (37%)
Magnesio 197mg (53%)
Fósforo 457mg (65%)
Potasio 563mg (12%)
Zinc 3.1mg (31%)
% CDR diaria para adultos.

Además de tener un aporte proteínico de más del 18% de alto valor biológico (proteínas completas). [3]
Podemos notar de la tabla anterior su gran aporte de vitaminas del complejo B, y también su muy buen aporte de minerales: hierro, magnesio, fósforo, potasio y zinc (mineral que suele escasear en la dieta moderna). Por último, también contribuye con fibra dietaria y un buen contenido de almidón (hidratos de carbono).



Propiedades Terapéuticas [5]



La quinoa fue usada por los nativos americanos como una comida energizante que podía ayudar a sus guerreros a mantenerse fuertes en las batallas.

La gran cantidad de fibra insoluble ayuda a regular los movimientos intestinales. La fibra insoluble favorece los movimientos de los intestinos ya que añade volumen en los mismo. Mantener un intestino regulado reduce los riesgos de hinchazón, dolor y gases asociados con movimientos irregulares. También reduce el riesgo de diverticulosis (pequeñas bolsas que surgen en puntos débiles en el intestino que pueden inflamarse e infectarse) y hemorroides.

Se ha encontrado que la fibra reduce la secreción de ácidos de la bilis, lo cual se ha asociado con la formación de piedras en la vesícula. Un estudio del 2004 por la American Journal of Gastroenterology indicó que una reducción del 17% de piedras en la vesícula en el grupo que consumía mayor cantidad de fibra insoluble.

Los minerales manganeso y cobre de la quinoa ayudan en la producción de la enzima superóxido dismutasa, que ayuda a combatir los daños celulares en el cuerpo. Esta actividad antioxidante ayuda a prevenir las enfermedades cardíacas, cáncer y otras condiciones inflamatorias.

La quinoa también es rica en riboflavina (vit. B2), necesaria para la producción de energía. Es decir, es energética

La fuerte concentración de magnesio convierten el consumo diario de quinoa como una buena opción para aquellos con migraña. Esto lo logra el magnesio relajando los vasos sanguíneos, un tratamiento típico para las migrañas vasculares.

La combinación de proteína y fibra en la quinoa la convierten en una comida saciadora. Un estudio científico publicado en 2005 por el British Journal of Nutrition encontró que la quinoa tiene un alto índice de satisfacción comparado con otros granos como el trigo, así que podría ayudar a mantener a raya el hambre para aquellos que quieren perder peso.


A Tener en Cuenta


La quinoa es fuente de oxalatos, que podrían causar problemas para aquellos con un historial de piedras en los riñones o cualquier otra condición que requiera una dieta baja en oxalatos.

La parte exterior de la quinoa está cubierta con saponinas, tradicionalmente usadas como diuréticas y laxativas. Si no quieres dichos efectos, debes asegurarte de enjuagarla bien antes de cocinarla. Puedes lavarlas en un colador aseguránote de que estén bien separadas entre ellas para que el agua pueda atravesarlas correctamente. Cuando una semilla de prueba ya no tenga gusto amargo significa que las saponinas desaparecieron.


Cómo se Come?


La quinoa es un grano de cocción rápida, sólo lleva unos 15 minutos prepararla hervida. Usa una taza de quinoa por dos de agua, y cocina parecido al arroz. Su volumen se duplicará o más durante la cocción. [4]
Otra mejor forma es consumirla germinada, aprovechando mejor todo su potencial nutritivo y enzimático. Basta con remojarla unas 4 horas, tirar el agua de remojo y enjuagar dos o tres veces al día, por dos o tres días. Notarás que comienza a salir el brote del grano. Entonces puedes lavarla y añadirla a tus ensaladas de verduras o frutas, o como me gusta a mí, preparar un buen licuado de quinoa con alguna fruta. También puedes hacer una leche de quinoa germinada y conservarla hasta 2 días en la heladera. Hay muchas opciones!


[4] Extraído del libro “The 200 Superfoods That Will Save Your Life” (Los 200 Superalimentos que Salvarán tu Vida) de Deborah Klein.
[5] Extraído del libro “Superfoods for Dummies” (Superalimentos para Tontos) de Brian Agin & Shereen Jegtvig


jueves, 14 de febrero de 2013

Libro: Dr Colin Campbell - El Estudio de China


Sinopsis:

Con más de 50 millones de ejemplares vendidos en el mundo entero y una película recientemente estrenada en EEUU (Forks Over Knives ) basada en los problemas alimenticios que revela El Estudio de China, se anuncia la esperada edición en español de este libro revolucionario, que marcará un punto de inflexión en lo referente a la salud y la alimentación. El Estudio de China es un revelador documento en el que el científico nutricionista Colin Campbell expone las conclusiones de más de dos décadas de estudio sobre los efectos que la alimentación, en especial el consumo de proteínas animales, tiene sobre la salud. Más concretamente, sobre enfermedades típicamente occidentales como la diabetes, los problemas cardiovasculares, determinados cánceres, etc. El New York Times lo llamó el “Gran Prix de la Epidemiología”. [1]

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miércoles, 13 de febrero de 2013

Alimentos Infaltables: Ajo




Buenas! Hoy quiero compartir con ustedes algo de información sobre este gran alimento. Seguramente ya han escuchado de todas las propiedades que tiene el ajo para la salud pero dado su gran aporte terapéutico está bueno volver a escucharlo (o leerlo). Empecemos con un poco de su historia con la humanidad, con nosotros.


Origen


El origen del ajo parece remontarse a los países de Asia Central, desde donde una de sus variedades endémicas, Allium longicuspic, se propagó hacia el Mar Mediterráneo. Los primeros vestigios que se conservan de la utilización del ajo para el consumo o como medicina natural se remontan al tercer milenio a.C., en la India y el Antiguo Egipto.

Los habitantes ribereños de países del Mediterráneo como Grecia, tomaban ajos desde tiempos muy remotos, no obstante existían numerosos templos que vetaban la entrada de aquellos que hubieran ingerido este alimento debido a su mal aliento (algunos de estos templos eran los consagrados a la diosa Cibeles).
Durante los siglos de dominio romano en la zona (desde el siglo III a.C. hasta el siglo IV d.C.) el ajo comenzó a formar parte de la dieta cotidiana como condimento en sus cocinas, siendo además una de las primeras culturas agrónomas que lo cultivó para su producción. También era empleado como alimento energético, antiséptico y vigorizante para las tropas de asalto.

Las propiedades curativas de los ajos hicieron que durante el imperio bizantino, ya en la Edad Media, se siguiera utilizando en la farmacopea para tratar úlceras, dolor de oídos y neutralizar algunos venenos.
Durante el siglo VII la benedictina Escuela de Salerno lo incluyó entre los medicamentos más respetados, iniciando así una de las épocas doradas en la utilización de esta hortaliza. Su papel preponderante como alimento de prevención para ciertas enfermedades como la peste llegaría hasta el Renacimiento (siglos XV-XVI).

De la mano de los españoles, a finales del siglo XV, el ajo entraría en el continente americano como producto de condimentación, si bien su cultivo no se encuentra extendido. En España, al igual que previamente había pasado en Grecia, el ajo comenzó a consumirse con una doble medida de popularidad: un buen condimento para ensalzar sabores en las comidas y un mal acompañante en el aliento de los caballeros, incluso estando vedado para estos últimos durante parte del siglo XIV. Tres siglos más tarde Miguel de Cervantes reflejaría esta circunstancia en El Quijote aconsejando al escudero Sancho Panza «No comas ajos ni cebollas porque no saquen por el olor tu villanía».

Durante los siglos XIX y XX el ajo volvió a contar como alimento de primer orden en Italia, España y Francia (actualmente España es la primera productora Europea y cuarta mundial). Precisamente en el país Galo el poeta y premio Nobel Fréderic Mistral defendería este alimento con versos como «El ailloli concentra en su esencia todo el calor, la fuerza y la alegría del sol de Provenza, pero tiene además otra virtud, ahuyenta las moscas. Quienes no gusten de él, aquellos a quienes nuestro aceite les irrita la garganta, que no venga a mosconear a nuestro alrededor, así quedaremos en familia». [1]


Composición Nutricional


Tres dientes de ajo proveen 13 calorías, 3g de carbohidratos, 0.6g de proteínas, 0g de grasa, 0.2g de fibra dietaria, 3mg de vitamina C, 36mg de potasio, 2mg de sodio, 14mg de fósforo, 16mg de calcio y 2mg de magnesio
.
El ajo es una excelente fuente de manganeso, una buena fuente de vitamina B6 y vitamina C, y una buena fuente de selenio. [2]

El ajo también contiene betacarotenos, zinc y folatos, junto con la alicina, un compuesto químico responsable de su olor y gusto que es liberado sólo cuando el ajo es triturado o cortado. [3]


Aspectos Terapéuticos


El ajo es un miembro de la familia de las cebollas, miembros todos que son ricos en una variedad de compuestos poderosos sulfurados, incluyendo tiosulfinatos, sulfóxidos y dithiins [4] (compuestos responsables tanto del olor característico del ajo así como de sus efectos promotores de la salud).
Los compuestos sulfurados en el ajo parecen estimular la producción de óxido nítrico en los revestimientos de los vasos sanguíneos, que ayuda a relajarlos, lo que podría bajar la presión sanguínea. El ajo también es rico en antioxidantes. [1]

El ajo contiene la fibra vegetal inulina, una fibra insoluble que ayuda a bajar el colesterol y la glucosa en sangre. También encontrada en la achicoria, las cebollas y los puerros, la inulina aumenta las bacterias benéficas en el intestino y mejora la absorción del hierro y el calcio, de acuerdo a los fisiólogos del USDA (Departamento de Agricultura USA).

Para combatir resfríos, enfermedades cardíacas y peores, existen pocos alimentos mejoradores del sistema inmunitario como el Allium Sativum (ajo). El ajo inhibe 72 diferentes tipos de agentes infecciosos, bacterias, hongos y virus, incluyendo aquellos que causan el resfrío común, así como la cándida y los parásitos. El ajo puede proteger contra la bacteria ulcerosa, H. pylori, y ayuda a detoxificar metales pesados como el plomo, cadmio y mercurio. Un metaanálisis de estudios en la University of North Carolina mostró que comer 10 dientes de ajo por semana reducía los riesgos de cáncer de colon en un 30% y del estómago en un 50%. Estudios en el New York University Medical Center en los '80 mostraron que el aceite de ajo podría enlentecer el desarrollo del cáncer de piel. [3]


Consejos [3]


  • El ajo tiene efectos anticoagulantes como la aspirina. Úsalo conservadoramente si estás bajo medicación anticoagulante, y verifica con tu médico.
  • La inulina del ajo puede causar flatulencias, especialmente si tu dieta tiene pocos alimentos con inulina. Comienza con pequeñas cantidades y aumentándolas gradualmente.
  • Consigue tu dosis diaria de alicina sin que te quede un mal sabor en la boca. Corta uno o dos dientes de ajo en pequeños trozos, mastícalos, y tómalos con un vaso de jugo de naranja. Esto permite que vaya directo a tu flujo sanguíneo.
  • Prepáralo apropiadamente. Siempre tritura el ajo y déjalo asentarse por unos minutos para permitir que se liberen sus enzimas terapéuticas, según recomiendan los científicos del USDA. Nunca pases el ajo por el microondas, esto neutraliza su efecto anticoagulante. Si lo usas en comidas cocidas, agrégalo al final.
  • Escoja bulbos que no tienen brotes ni pierden piel.
  • Almacénalo a temperatura ambiente para prevenir el brotado.


[2] Extraído del libro “The 200 Superfoods That Will Save Your Life” (Los 200 Superalimentos que Salvarán tu Vida) de Deborah Klein.
[3] Extraído del libro “Super Inmunity Foods” de Frances Sheridan Goulart.
[4] En inglés, desconozco la traducción.

martes, 12 de febrero de 2013

Masaje Oriental: Shiatsu


Introducción


Shiatsu es una palabra japonesa que significa “presión de los dedos”. Es un nombre nuevo para una de las más antiguas formas de medicina: curar con las manos. El shiatsu emplea la presión de la mano y técnicas manipulativas que ajustan la estructura física del cuerpo y sus energías internas naturales para preservarlo de la enfermedad y mantener un buen estado de salud.

El shiatsu se caracteriza por su gran simplicidad. Su origen parte de tempranas formas de masaje, llamadas Anma en Japón y Anmo o Tuina en China, que empleaban frotación, martilleo, pellizcamiento, palmadas, presión y estiramiento para influir en los músculos y sistemas circulatorios del cuerpo. El shiatsu, en cambio, emplea pocas técnicas y el profano ve muy poca cosa: sólo una presión tranquila y relajada con la mano o los pulgares en varios puntos del cuerpo, una sencilla apoyatura del codo o la simple rotación de una extremidad. Pero bajo la simplicidad de los movimientos y a un nivel sutil, mucho es lo que le sucede internamente a la energía del cuerpo.

El shiatsu lo inició a principios del siglo XX un practicante japonés, Tamai Tempaka, que incorporó los más recientes conocimientos médicos occidentales de la anatomía y la fisiología a otros varios métodos de tratamiento. Originalmente lo llamó Shiatsu Ryoho, o “método de curar por la presión de los dedos”, después Shiatsu Ho, “método de presión de los dedos”. Hoy se lo conoce simplemente como shiatsu, y fue reconocido oficialmente como terapia por el gobierno japonés en 1964, distinguiéndolo así de la Anma, antigua y tradicional forma de masaje. La función que ejercen los terapeutas de shiatsu es diagnosticar y tratar de acuerdo con los principios de la medicina oriental. [1]


Estilos de Shiatsu


Muchos de los primeros practicantes de shiatsu desarrollaron su propio estilo y algunos, entre ellos Tokojiro Namikoshi y Shizuto Masunaga, fundaron escuelas que contribuyeron a establecer el shiatsu como terapia. Hoy son muchos los estilos de shiatsu. Algunos se concentran en los “puntos de acupresión” (acupuntura). Otros dan más importancia al trabajo en el cuerpo o a lo largo de los canales de energía para influir en el Ki (energía vital) que fluye por ellos. Otros destacan los sistemas de diagnosis, como el sistema de los “Cinco Elementos” (Medicina China) o el tratamiento macrobiótico.

Masunaga unió a su experiencia en shiatsu sus estudios de psicología occidental y medicina china; mejoró también los métodos de diagnosis. Su sistema ampliado incluyó ejercicios especiales, conocidos como Makko Ho, para estimular el flujo del Ki y formuló una serie de principios orientadores para hacer más eficaces las técnicas. Llamó a su sistema Shiatsu Zen, inspirándose en el acercamiento simple y directo a la espiritualidad de los monjes budistas zen del Japón. [1]


El Libro del Shiatsu (Paul Lundberg)


Para aquellos interesados en esta forma de masaje japonés, comparto este libro donde obtuve la información anterior y donde también nos enseña a realizar nuestras propias sesiones de shiatsu a nuestros conocidos.

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Zen Shiatsu (Shizuto Masunaga)


Libro en inglés sobre este estilo de shiatsu para aquellos bilingües que puedan disfrutarlo.

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Videos Explicativos sobre Shiatsu


Les dejo para que descarguen dos videos. El primero nos explica un poco sobre los orígenes y aplicaciones del shiatsu, y también nos brinda una muestra de cómo son sus sesiones. El segundo trata de explicarnos cómo podemos aplicar algunas técnicas de shiatsu y de digitopuntura nosotros mismo.

Shiatsu: Masaje Japonés


Shiatsu y Digitopuntura

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4 | Parte 5 | Parte 6 | Parte 7


[1] Extraído del libro “El Libro del Shiatsu” de Paul Lundberg.

lunes, 11 de febrero de 2013

Personajes Ignorados: Dr. Colin Campbell




Introducción

T. Colin Campbell es un bioquímico americano especializado en los efectos de la nutrición en la salud a largo plazo. Ha sido autor de más de 300 papers de investigación, y el coautor del Estudio de China (2004), uno de los best-sellers americanos sobre nutrición. También protagonizo el documental americano del 2011, "Forks Over Knives".

Campbell fue uno de los científicos líderes del estudio China-Oxford-Cornell de 1980 sobre la dieta y la enfermedad, que exploraba la relación entre la nutrición y el cáncer, y las enfermedades cardíacas y metabólicas. El estudio ha sido descrito por el New York Times como el "Gran Premio de la Epidemiología". [1]



Su Experiencia Personal


El Dr. Campbell nos cuenta su historia y sus descubrimientos sobre nutrición en su libro “El Estudio de China”. En el mismo destaca la dieta vegetariana como la más óptima para la salud del hombre y se fundamenta tanto en sus investigaciones como en investigaciones de otros científicos. En su libro nos relata toda su experiencia:

Hace más de cuarenta años, al inicio de mi carrera, jamás hubiera adivinado que la alimentación estubiera tan estrechemanete relacionada con los problemas de salud. Durante años no me preocupé demasiado en pensar cuáles alimentos eran más adecuados. Me limité a comer lo mismo que todo el mundo: lo que me decían que era bueno.

Me crié en una granja de vacas lecheras y la leche era esencial en nuestra vida diaria. En la escuela nos enseñaron que la leche de vaca fortalecía nuestros huesos y nuestros dientes. Era el alimento más perfecto de la naturaleza. En nuestra granja producíamos la mayoría de nuestros alimentos en el huerto y en las pasturas.

Yo fui el primero de mi familia en ir a la universidad. Mi tesis de doctorado en Cornell pretendía encontrar formas mejores de conseguir que los carneros y los corderos se desarrollaran más rápido. Mi intención era superar nuestra capacidad para producir proteínas animales, la piedra angular de lo que, según me habían enseñado, era la buena nutrición.

Cuando me fui de MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) para ocupar un puesto en el Virgina Tech, me dediqué a coordinar la asistencia técnica de un proyecto nacional en Filipinas que trabajaba con niños malnutridos. Una parte de ese proyecto se convirtió en una investigación sobre la prevalencia inusualmente elevada de cáncer de hígado (usualmente una enfermedad de adultos) entre los niños filipinos. Se pensaba que la causa de este problema era el gran consumo de aflatoxina, una toxina producida por un tipo de moho y detectada en los cacahuetes y el maíz. La aflatoxina ha sido definida como uno de los agentes cancerígenos más potentes que se conozcan.

Durante diez años, nuestro objetivo principal en Filipinas fue mitigar la malnutrición infantil de los menos favorecidos. El objetivo de todos esos esfuerzos era muy simple: asegurarnos de que los niños ingirieran la mayor cantidad posible de proteínas. Se creía que gran parte de la malnutrición infantil del mundo se debía a la falta de proteínas en la dieta y, en especial, de proteínas de origen animal.

No obstante, en este proyecto descubrí un oscuro secreto. Los niños cuyas dietas tenían la mayor cantidad de proteínas eran las que más probabilidades tenían de contraer cáncer de hígado! Y esos niños pertenecían a las familias más pudientes.

Más tarde leí un informe de una investigación realizada en la India. Dos investigadores indios habían hecho ensayos con dos grupos de ratas. Administraban aflatoxina (sustancia cancerígena) a los animales de uno de los grupos y luego les ofrecían una dieta compuesta por un 20% de proteínas, un nivel cercano al que consumimos muchos occidentales. A los animales del segundo grupo les administraban la misma cantidad de aflatoxina pero su dieta contenía sólo un 5% de proteínas. Por increíble que parezca, los que consumían la dieta con un 20% de proteínas desarrollaban cáncer de hígado y los que consumían la dieta con un 5% de proteínas no contraían la enfermedad. El resultado era de 100 a 0, de modo que no había ninguna duda: la nutrición frenaba los agentes cancerígenos químicos, incluso los más potentes, y controlaba el cáncer.
Esta información contradecía todo lo que me habían enseñado. Afirmar que las proteínas no eran saludables era una verdadera herejía, con más razón sostener que promovían el cáncer. Fue un momento definitivo en mi carrera. Investigar un tema tan subersivo en los primeros años de mis estudios no fue una elección muy sensata. Al cuestionar las proteínas y los alimentos de origen animal, corría el riesgo de ser considerado un hereje, incluso aunque pasara la prueba y el trabajo fuera considerado como buena ciencia.

De manera que, enfrentado a una decisión difícil, decidí poner en marcha un exhaustivo programa de laboratorio para investigar el papel de la nutrición, en especial la de las proteínas, en el desarrollo del cáncer. Ciñéndome escrupulosamente a las reglas estrictamente científicas, conseguí estudiar un tema muy controvertido sin provocar respuestas viscerales derivadas de ideas radicales. Finalmente, las fuentes de financiación más competitivas y mejor consideradas tuvieron la generosidad de financiar esta investigación durante veintisiete años. Más adelante, nuestros resultados fueron revisados (por segunda vez) antes de publicarlos en muchas de las mejores publicaciones científicas.

Lo que descubrimos fue impactante. Las dietas bajas en proteínas inhibían el desarrollo del cáncer producido mediante la administración de aflatoxinas, independientemente de la cantidad de este carcinógeno que se administrara a los animales. Una vez iniciada la enfermedad, las dietas bajas en proteínas conseguían bloquear notoriamente su evolución. En otras palabras, los efectos cancerígenos de esta poderosa sustancia química se tornaban insignificantes gracias a una dieta baja en proteínas. De hecho, las proteínas de la dieta demostraron tener efectos tan potentes que podíamos promover o detener el desarrollo del cáncer por el mero hecho de modificar la cantidad de proteínas consumidas.

Más aún, las administradas en los animales eran las mismas que los humanos consumen de manera habitual. Nunca empleamos niveles extraordinariamente altos, como suele ser el caso en la mayoría de los estudios sobre carcinógenos.

Pero eso no es todo. También descubrimos que no todas las proteínas producían este efecto. Considerando todas las proteínas, ¿cuál de ellas era la causa más determinante del cáncer? La caseína, que comprende el 87% de las proteínas de la leche de vaca, favorecía todas las etapas del proceso canceroso. ¿Qué tipo de proteína no promovía el cáncer, ni siquiera al ingerirlas en grandes cantidades? Las proteínas seguras eran las vegetales, incluidas las del trigo y la soja. Cuando comencé a vislumbrar este panorama, al principio se convirtió en un desafío, pero más adelante hizo añicos algunas de mis más férreas convicciones.

Los estudios experimentales con animales no terminaron allí. Más adelante dirigí el estudio más completo sobre dieta, estilo de vida y enfermedad que jamás se haya realizado con seres humanos en la historia de la investigación biomédica. Fue una tarea de enormes proporciones organizada de forma conjunta por la Universidad de Cornell, la Universidad de Oxford y la Academia China de Medicina Preventiva. El periódico New York Times la denominó el Gran Premio de la Epidemiología. Este proyecto estudió una amplia gama de enfermedades y de factores relacionados con la dieta y el estilo de vida en la China rural y, más recientemente, en Taiwán. Popularmente conocido como El Estudio de China, este proyecto encontró ¡más de ocho mil correlaciones estadísticamente significativas entre diversos factores de la dieta y la enfermedad!

El motivo por el cual este proyecto es particularmente notorio es que de entre todas las asociaciones que demostraron ser relevantes para la dieta y la enfermedad, muchas apuntaban al mismo descubrimiento: las personas que ingerían una mayor cantidad de alimentos de origen animal contraían las dolencias más crónicas. Incluso ingestas relativamente pequeñas de alimentos de origen animal se vinculaban a efectos adversos. Los individuos que consumían alimentos de origen vegetal eran los más sanos y menos propensos a enfermedades crónicas.

No podía (y, de hecho, no lo hice) ceñirme a los hallazgos de nuestros estudios con animales ni del monumental estudio de China con personas, a pesar de lo impresionantes que pudieran ser. También me dediqué a conocer los descubrimientos de otros médicos e investigadores que han demostrado ser algunos de los hallazgos más emocionantes de los últimos cincuenta años.

Dichos hallazgos prueban que las enfermedades cardíacas, la diabetes y la obesidad se pueden revertir mediante una dieta sana. Otra investigación demuestra que diversos tipos de cáncer, las enfermedades autoinmunes, la salud de los huesos y de los riñones, así como los trastornos cerebrales y de la vista en la vejez están influidos por la dieta. Y lo más importante, se ha demostrado una y otra vez que la dieta que es capaz de revertir o prevenir dichas dolencias es la misma dieta vegetariana y de alimentos integrales que, basándome en mis investigaciones en el laboratorio y en El Estudio de China, yo había identificado como la dieta que favorece una salud óptima. Los hallazgos son consistentes”.

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